
Acabo de leer un escrito en el que habla sobre como se veía la enfermedad antes de los ochenta. Yo no he llegado a vivirlo en carne propia, porque caí enfermo al principio de los noventa. Dice también que los manicomios era el único sitio donde encontraban cabida tanto bipolares, deprimidos, maltratados, ansiosos, esquizofrénicos, etc.…Nunca salían de allí… Actualmente hace un par de décadas que se intenta mas continuamente el hallar un estado mas neutro, con mejorías físicas como mentales, podrían ser el caso, la invención de nuevas medicinas que ayudan a calmar esta desesperación a mas tipos de enfermedades en el entorno de la “salud mental “, también esta la intención de la reinserción y rehabilitación psicosocial, después de una preparación por parte de los “profesionales”. A veces solo se consiguen pocas mejorías y los efectos son bastante considerables. Aunque a veces adversos. Es debido a la falta de continuidad en las pautas consideradas en la medicación necesaria, todo por inconformidad con el tratamiento o la tozudez de los que empiezan a tratarse. Lo veo lógico porque en la calle cuando se habla sobre el problema siempre te hablan como si fueras incontrolable o delincuente lo que si acepto, es que somos una minoría en el porcentaje de las enfermedades de cualquier tipo (1%). Otra parte de culpa la tienen la tienen la gente de la televisión, porque solo muestran la parte negativa de los enfermos, puesto que solo los nombran cuando hacemos algo malo. Nunca avisaran de que un enfermo mental, acepta un tratamiento que durará “toda su vida”.
Alejandro V.
1 comentario:
No se puede hacer una lectura de una persona que ha sufrido una crisis o que le han diagnosticado un trastorno, en base a aspectos positivos y negativos, pues eso no es nada científico y sí moral.
Los problemas de la salud mental, también son los problemas del sistema que dice tratarla. Ese sistema, no sirve, no ayuda sino que cronifica.
Hay una distorsión de eso que llaman "enfermedades mentales", y esa distorsión no sólo se transmite a la sociedad, sino también a las personas que han diagnosticado.
Quizás, parte de la solución pase, en primer lugar, por no sentirnos enfermos y descubrir nuestros graves e intensos conflictos existenciales.
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